• Grupo Arias

Las conclusiones de Davos.


El optimismo se convirtió en la palabra que encapsuló el espíritu de este año en el Foro Económico Mundial, clausurado el pasado viernes en Davos.

Diez años después de sufrir la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial, los responsables del mundo de la política y de los negocios descorcharon champán mientras miraban con ojos brillantes a los años por delante. El FMI se encargó de marcar el tono al revisar al alza dos décimas (hasta el 3.9%) sus previsiones de crecimiento para la economía global para este año y el que viene. Todas las regiones del planeta se benefician de este empuje más robusto de la producción mundial.

"He escuchado que la principal preocupación es que la gente no está preocupada", ironizó Mary Callahan Erdoes, la responsable de gestión de activos de JPMorgan Chase. "Pero no hay que sentirse mal por no estar preocupado", añadió en un panel sobre las perspectivas económicas del planeta.

"En invierno, disfruta", escribió el poeta británico William Blake. Y es esta complacencia precisamente la que preocupa al FMI. Davos se convirtió en fiel metáfora del estado y evolución del sistema global. Tras una nevada como no se recordaba en décadas, y que sembró el caos en la villa justo en el arranque del foro, el sol finalmente brilló, pero el riesgo de avalancha llegó a tocar máximos.

La economía global atraviesa zona de claros, pero los riesgos se consideran lo suficientemente serios como para poder sufrir otra recesión. Para el economista jefe del FMI, Maurice Obstfeld, la próxima crisis llegará "más pronto" de lo que esperamos, y será "más difícil" de combatir. El contagioso optimismo ha bajado la guardia de los países, cuyos bancos centrales tienen poco espacio para volver a tirar de la economía si fuera necesario, como hicieron durante la crisis financiera.

Como resume Anne Richards, jefa ejecutiva de M&G Investments, "conocemos los elementos, pero no cuáles serán los desencadenantes". Una mayoría coincide en que existe una burbuja en el precio de activos, y más pronto que tarde los mercados se ajustarán. La gran pregunta es si el ajuste desequilibrará el sistema financiero al completo, y las turbulencias sacudirán la economía real. Los más confiados y los pesimistas se dividen en partes iguales, fue lo que se percibió durante los cinco días del foro.

"Parece que la gente está interesada en pronosticar la llegada de la próxima crisis, en asumir el papel de agoreros", comentó el premio Nobel de Economía y profesor de la London School of Economics Christopher Pissarides. Opina que habrá "una pequeña corrección en los mercados", pero no sacudirá a todo el sistema.

"Debemos diferenciar entre el momento del ciclo económico y problemas estructurales subyacentes, y yo no percibo desequilibrios enormes, excepto en el caso de China", resume Paul Sheard, vicepresidente ejecutivo y economista jefe de Standard and Poor's.

Para el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, el sistema financiero se ha apuntalado lo suficiente con capital adicional en este periodo post-crisis para soportar este ajuste. Una bajada en las bolsas y la caída de precios de otros activos es probable, pero no lo es tanto que vaya a ser amplificado por el sistema financiero, comentó en un panel. Sin embargo, no son pocas las voces que opinan que la próxima recesión ya aparece en el radar.

Para el fundador y presidente de Bridgewater, Ray Dalio, y Min Zhu, presidente del Instituto Nacional de Investigación Financiera de China, y ex alto cargo del FMI, la probabilidad de una recesión en dos o tres años es "elevada".

El presidente global de PwC Bob Moritz no se atreve a poner una fecha, pero observó en una entrevista con este diario la desconexión entre "los enormes riesgos" y la boyante situación de los mercados.

Entre estos riesgos, para algunos preocupa el elevado endeudamiento, aunque otros como Pissarides opinan que aún no es preocupante. "Me inquieta que el consenso diga que no hay razones para estar preocupado", argumentó David Rubenstein, cofundador y copresidente de The Carlyle Group. "El mayor peligro es que la gente no piensa que habrá crisis financiera en uno o dos años", comentó.

Cuál será la 'chispa'

Con un telón de fondo tan endeble, la pregunta que muchos se repiten es cuál podría ser la chispa que ponga en llamas al sistema global de nuevo. Una torpe salida de la política monetaria expansiva, los riesgos geopolíticos y China aparecen entre los sospechosos.

Los bancos centrales, héroes en los peores momentos de la crisis, se podrían convertir ahora en villanos si se precipitan o comunican erróneamente el final del estímulo monetario o la subida de tipos de interés. "La perspectiva aparece muy favorable, pero es también en esos momentos cuando se comenten errores. Cuando conduces a mucha velocidad en la autopista es cuando necesitas ser especialmente cuidadoso", describió el miembro del Consejo Ejecutivo del BCE Benoit Coeure. "Nosotros seremos prudentes", añadió en un debate.

El golpe que supondrá al bolsillo de los consumidores el encarecimiento del precio del dinero se podría sumar a la subida del precio del petróleo. El consumo y la inversión se verán afectados, lo cual se podría amplificar si una de las zonas calientes del planeta termina por estallar. La confianza caería, el gasto se congelaría y la economía se depreciaría más aún.

Para Axel Weber, ex-presidente del Bundesbank y hoy al cargo de UBS, los riesgos geopolíticos tienen incluso un "potencial mayor" de alterar a la economía global que una subida de tipos de interés.

Mercados inflados, una deuda aun más abultada, dudas sobre cómo volver a la normalidad en la política monetaria, riesgos geopolíticos y el interrogante de China componen un cuadro que adelgaza ese optimismo descarado que ha reinado en Davos. Por eso, desde el FMI, la OCDE y el BCE piden que se pare de descorchar champán y los países se remanguen para reformar sus economías y volver a ganar espacio fiscal, para que el impacto les coja equipados. Las reformas prioritarias son las que preparen a los ciudadanos para navegar en un mundo más incierto e inestable. Es decir, la educación y la adquisición de habilidades, como medio también para reducir la desigualdad.

Las criptomonedas, protagonistas

Las monedas digitales han sido uno de los temas dominantes en las conversaciones este año en el Foro Económico Mundial, sobre todo en eventos y cócteles fuera del centro de congresos. Para Benoit Coeure la respuesta correcta a Bitcoin y los demás modelos debe ser "actuar sobre los riesgos", como el lavado de dinero.

Pero al mismo tiempo "no perder de vista las oportunidades que representan", por ejemplo en términos de inclusión en el sistema financiero. "Las criptomonedas nos pueden ayudar a mejorar nuestros sistemas [monetarios]", los cuales son "muy caros y muy lentos", sentenció.

-


8 vistas

Grupo Arias - Ciudad de México 2020